Autora: Blanca Estela Álvarez  Mail: blanalvarez@yahoo.com.ar

Licenciada en Psicología –U.B.A. Socio APBA

Palabras clave: cuerpo – acondroplasia – psicoanálisis

El ser humano sufre cambios, resignificaciones, vacilaciones a lo largo de su existencia y particularmente en determinados períodos de la vida. Este trabajo se propone abordar aquellas conmociones y transformaciones que puede padecer un sujeto con un cuerpo diferente. Se hará énfasis en las huellas que trazan el decir y la mirada en tanto espejo donde el cuerpo se reconoce, para luego pensar ¿qué lugar en la sociedad actual para un sujeto con trastorno genético de crecimiento óseo?

La Acondroplasia[1] es una de las formas frecuentes de enanismo, se sufre de una alteración ósea por desorden genético, afectando las extremidades, el  diámetro de su cabeza – posee una medida mayor a la esperable – y el tamaño y forma de las manos, dando lugar en su conjunto a la imagen característica de la persona con baja talla[2]. Esta alteración no afecta ni su coeficiente intelectual ni la expectativa de vida, siendo similares a las personas de talla promedio.

Los individuos que padecen de esta enfermedad, luego de un desarrollo motor generalmente más lento durante su primera infancia – los primeros dos años -debido a las proporciones corporales, pueden desarrollarse de acuerdo a lo esperable en un persona de talla promedio[3]. Esta realidad indujo al interrogante sobre ¿qué lugar para un sujeto con un cuerpo diferente?

El trabajo partirá de algunas consideraciones que ayuden a definir qué “cuerpo” se trata, para luego reflexionar desde un primer acercamiento al tema, sobre los efectos que pueden producir el decir y la mirada de un otro que aloje, invista y contenga, ó que promueva el rechazo, la expulsión y el dejar caer.

Si bien se reconoce la importancia de profundizar en los síntomas médicos y en las complicaciones orgánicas que pueden sufrir los individuos que padecen este tipo de enfermedad, en esta ocasión se hará referencias sólo a aquellos aspectos que permitan entender al organismo como esa superficie en donde se inscribe el cuerpo de un sujeto.

El objetivo de este trabajo es promover la reflexión sobre efectos psíquicos posibles que produce una enfermedad rara que afecta al cuerpo partiendo de conceptos teóricos psicoanalíticos que muestran su vigencia, y servir de estímulo a futuras investigaciones sobre éste y otros sujetos sociales[4] que padecen este tipo de enfermedades de baja incidencia.

 El cuerpo: organismo viviente, objeto construido

El cuerpo da forma a la carne existente y al mismo tiempo muestra al sujeto que lo sostiene, expresiones como “el cuerpo me pesa”, “arrastro el cuerpo”, “cuidarse el cuerpo”[5] lo ilustran.

Los individuos que padecen de acondroplasia cuentan con un organismo viviente afectado por los efectos de una alteración genética, mostrando una estructura esquelética particular como rasgo típico de una de las formas más comunes de enanismo. Esta alteración ósea de origen cromosómico afecta los huesos largos en su longitud, acortándolos simétricamente[6].

Para el ser hablante, el cuerpo es uno de sus bienes privilegiado sobre el que construye su identidad, toma referencia para su existencia, y con el que puede situarse como un objeto, propio y ajeno a la vez. Este hacerse un cuerpo y tener un cuerpo sólo es posible por la intervención del Otro, “del otro semejante que le otorga esa imagen en espejo, representante del gran Otro que, como orden simbólico y como significante, sostiene la unidad de algo ante todo fragmentado[7]”.

El cuerpo se dispone a recibir la marca significante, a ser un lugar de inscripción a partir del cual podrá ser contado como tal[8], y el lenguaje es el mediador en la relación del sujeto con su cuerpo. Su primer efecto en el cuerpo es la fragmentación, porque el significante corta el cuerpo.  El organismo biológico pierde su unidad en sí mismo por efecto del significante, constituyendo las zonas erógenas y las pulsiones parciales. 

El segundo efecto del lenguaje en el cuerpo es esa unificación del cuerpo entero, que se construye en anticipación a la maduración motriz y a condición de perder un objeto[9]. El sujeto asume esa imagen especular jubilosamente en la todavía impotencia motriz y dependencia de la lactancia, y esa asunción jubilosa manifiesta “la matriz simbólica en la que el Yo [je][10] se precipita en una forma primordial, antes de objetivarse en la dialéctica de la identificación con el otro, y antes de que el lenguaje le restituya en lo universal su función de sujeto[11]”.

Para que este cuerpo exista para un sujeto es preciso dirá Freud, agregar algo al autoerotismo, a esas regiones corporales que se transforman en fuentes de excitación donde la pulsión se satisface: “una nueva acción psíquica, para que el narcisismo se constituya[12]”. Que se constituya el Yo, es también que se constituya la realidad, pues ella es una representación del mundo y el cuerpo forma parte de esa realidad como un objeto más que está en el mundo. Esta constitución – o estructura, como refiere Roberto Mazzuca[13] – puede ser entendida de manera distinta según el registro donde se ubique: si se ubica en el registro imaginario, refiere a una Gestalt de la imagen del cuerpo, es decir una estructura visual de la imagen que es completa. Aquí Lacan articula el concepto de identificación: es por identificación con esa imagen que está afuera, que el niño/a adquiere la imagen de su propio cuerpo. Este acto se ubica en el registro imaginario. 

En el plano de lo simbólico, esta imagen está afuera en el Otro del lenguaje, sostendrá Lacan en un segundo momento de su enseñanza; quedando la constitución de la imagen como un efecto que viene de lo simbólico[14]. Probablemente un cuerpo no deseado, no investido libidinalmente se constituya en un objeto cosificado, en un organismo que viva, se alimente, pero no exista como cuerpo psíquico para el sujeto que lo habita. 

El cuerpo como objeto[15] se construye gracias a su anudamiento en los tres registros que propone la teoría de Lacan[16]: un cuerpo imaginario, referido a la forma y a la imagen; un cuerpo simbólico, con sus códigos, el nombre que lo inviste, las representaciones significantes; y un cuerpo real, ante todo materia de goce donde se satisfacen las pulsiones[17]. Entonces, ¿qué cuerpo para una persona de baja talla?

 El decir y la mirada sobre el cuerpo

El recién nacido es en primer lugar un organismo viviente que puede ser alojado (o no) aún desde antes de nacer: las palabras intercambiadas en la pareja, con otras personas sobre el niño/a, la elección de un nombre, esos enunciados identificatorios, operan desde el lugar simbólico como el primer don libidinal donde el Yo advendrá, invistiendo ese cuerpo por venir según sea la cualidad de ese Otro.

El  niño/a que nace con acondroplasia impacta en el Otro de un modo diferente, devolviendo una imagen inesperada y confrontándolo con un espejo que desconcierta. Esa vivencia traumática para los padres, producto del azar[18], produce desconcierto, angustia, desorientación y preocupación[19].

Este desencuentro primero es con la diferencia respecto de lo anhelado y construido a partir del narcisismo de los padres. El acontecimiento produce efectos en el lugar afuera: el niño/a Ideal que restauraría las heridas narcisistas tiene un cuerpo real alterado que modificará el camino trazado anticipadamente. La llegada de este hijo/a produce un efecto de castración: ¿Cómo crecerá? ¿Cómo jugará con sus pares? ¿Cómo hará con la vestimenta?[20], preguntas que resuenan en el adulto desde su propio fantasma y en relación a un sujeto. Desde este lugar cobra dimensión la frase “aquello que dice aquello que mira”, cuanto más si el Otro-sociedad mira el cuerpo con insistencia, ofreciendo múltiples ofertas que lo transformen a gusto de cada uno, y alimentando de ese modo el fantasma del propio sujeto.

El niño deseado y esperado ha llegado y construirá su cuerpo no a partir de su experiencia y sus sensaciones propioceptivas, sino a partir del proceso mental que produce una identificación con una forma que está afuera, en el otro, durante el estadio del espejo.

El infans con acondroplasia también construye un Yo corporal por identificación con una forma externa, otro semejante, y en este punto probablemente algo de la diferencia causada por esta enfermedad de baja incidencia opere en el sujeto que lo habita, es decir, desde ese lugar externo que lo reciba y aloje.

Hasta el momento resulta difícil contar con casos clínicos publicados de sujetos con acondroplasia que arrojen luz sobre el tema, accediendo al mismo desde el decir de la sociedad donde se encuentra la familia, un decir basado en el paradigma de la belleza del cuerpo delgado, esbelto, alto; y a los efectos de la mirada de un otro que ignora al sujeto que lo habita, reduciéndolo en sus posibilidades al tamaño de su estatura.

En consecuencia existe una ardua tarea de investigación, información y acompañamiento no sólo con el adulto afectado, sino también con padres, familiares cercanos,  encargados de crianza de un niño con cuerpo diferente. Será imprescindible para ese niño/a con acondroplasia ser alojado en un Otro que forje un sujeto sólido para ese cuerpo, pues allí estará el soporte que lo sostenga en las vicisitudes de la vida cotidiana que debe enfrentar como individuo en sociedad.

BIBLIOGRAFIA

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Aristizabal, Eduardo (2003). “El patrón y la lógica en la teoría del objeto en Lacan”, en Revista de Psicoanálisis, Desde el Jardín de Freud, Número 3, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá. pp. 106-113.

Barrionuevo, José (1997).  Acto y cuerpo en Psicoanálisis con niños y adolescentes. Buenos Aires, JVE Psiqué. 153p.

Bertholet, Roberto (2005). “El cuerpo y la castración”, en Lazos: cuerpo, angustia y síntoma, nº 6, Escuela de la orientación lacaniana sección Rosario. pp. 71-74.

Chamorro, Jorge (2005). “Los velos de la carne”, en Lazos: cuerpo, angustia y síntoma, nº 6, Escuela de la orientación lacaniana sección Rosario. pp. 79-81.

Díaz L., Carmen Lucía (2003). “El cuerpo: ese objeto marcado por el exceso del otro”, en Revista de Psicoanálisis, Desde el Jardín de Freud, Número  3, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá. pp. 98-105.

Freud, Sigmund (1914). “Introducción del narcisismo”, en Obras Completas,  tomo XIV, 2º ed. Buenos Aires, Amorrortu, 389p.

Lacan, J. (1949). “El estadio del espejo como formador de la función del Yo [JE] tal como se nos revela en la experiencia analítica”, en Escritos1, 14º ed.  Argentina, Siglo veintiuno. 509p.

Mazzuca, Roberto (1986), Curso de psicopatología: temas Introductorios a la psicopatología. Buenos Aires, Tekné. 153p.

Quesada, Silvia (2008). “Cuerpo y síntoma, un anudamiento singular”. En Revista electrónica Acheronta, www.acheronta.org 02 de Abril.

Soler, Colette. “El Cuerpo en la enseñanza de Jacques Lacan”, en Gorali, Vera (comp. 1994). Estudios de Psicosomática. 2da. Ed. Buenos Aires, Consejo Editorial

 Páginas en Internet: Mayo 2008

www.acondroplasia.com , Fundación Magar

www.fundaciongeiser.org, Fundación Geiser

www.zoeacondroplasia.blogspot.com, Asociación Zoe

 


[1]El término acondroplasia propuesto por Parrot en 1878, proviene del griego y significa chondros: cartílago y plasis: formación; produce escaso crecimiento cartilaginoso. En www.acondroplasia.com , Fundación Magar, 29 de mayo de 2008.

[2] En www.zoeacondroplasia.blogspot.com “Los adultos con acondroplasia miden entre 1,20 y 1,35 m de altura” y aproximadamente un 6 % de esta población puede tener complicaciones neurológicas. Los datos fueron compartidos en el Congreso Latinoamericano de Enfermedades Raras, organizado por la Fundación Geiser por primera vez en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el 27, 28 y 29 de marzo 2008. Esta fundación nace en la Argentina en el 2002 y tiene por misión mejorar la calidad de vida de las personas que padecen enfermedades raras o de baja incidencia. Ver www.fundaciongeiser.org

[3] En la actualidad existen un registro de 196 personas de baja talla en Argentina. Datos suministrados por el Hospital Garran de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Marzo de 2008. Ibid.

[4] El abordaje de esta problemática tiene su inspiración en un grupo de personas de baja talla con quienes comparto diferentes actividades; ellas han expresado sus inquietudes, frustraciones, preocupaciones, experiencias y luchas por su condición de personas ‘pequeñas’. La Asociación Civil Zoe con sede en Buenos Aires nuclea a personas afectadas, familiares y profesionales de diferentes disciplinas interesados.

[5] Jorge Chamorro (2005) “los velos de la carne”, en Lazos: cuerpo, angustia y síntoma, nº 6, pp. 99-102.

[6] Es consecuencia de una malformación en el desarrollo de los cartílagos que produce una calcificación acelerada impidiendo el crecimiento normal de los huesos. Existen diversas complicaciones en esta patología que pueden leerse en  www.acondroplasia.com , Fundación Magar, 29 de mayo de 2008.

[7] Carmen Lucía Díaz L. (2003), “El cuerpo: ese objeto marcado por el exceso del otro”. En Revista de Psicoanálisis, Desde el Jardín de Freud, Número 3, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá. pp. 98-105.

[8] Soler, Colette. “El Cuerpo en la enseñanza de Jacques Lacan”. En Gorali, Vera (comp. 1994). Estudios de Psicosomática. 2da. Ed. Buenos Aires, Consejo Editorial

[9] Roberto Mazzuca (1986), Curso de psicopatología: temas Introductorios a la psicopatología, pp. 48-49; 92-93.

[10] Lacan conceptualiza el Idealich  traducido por moi-idéal, de acuerdo con su bipartición: moi – yo como construcción imaginaria, je – yo como posición simbólica del sujeto. J. Lacan (1949). “El estadio del espejo como formador de la función del Yo [JE] tal como se nos revela en la experiencia analítica”, en Escritos1, p. 87.

[11] J. Lacan (1949). “El estadio del espejo como formador de la función del Yo [JE] tal como se nos revela en la experiencia analítica”, en Escritos1, p. 87. La edad del infans en la actividad del estadio del espejo la estima desde los 6 y los 18 meses.

[12] S. Freud (1914). “Introducción del narcisismo”, en Obras Completas, tomo XIV, Buenos Aires, Amorrortu 10ª reimpresión, pp. 74.  

[13] Roberto Mazzuca (1986), Op. Cit., pp. 48-49; 92-93.

[14]Ibid. 

[15] El término objeto aquí refiere a la concepción freudiana de 1914. Lacan elabora este concepto de manera compleja en su teoría –objeto de la pulsión, objeto del fantasma, objeto del deseo – que por la extensión de este escrito no es desarrollado.

[16] Es posible ubicar en la teoría de Lacan tres momentos de su enseñanza. A la altura del seminario 2, Lacan trabaja al Otro simbólico que marca el cuerpo y lo construye.

[17] Carmen Lucía Díaz L., Op. Cit., p. 99.

[18] La mutación en padres de talla promedio se produce de manera espontánea por azar cada veinte mil nacimientos. El 90% de niños con acondroplasia no tienen antecedentes familiares. Las probabilidades aumentan en un 50% si un padre es de talla baja y un 75% si ambos padres son de talla baja. En www.acondroplasia.com, Fundación Magar, 29 de mayo de 2008.

[19]Expresiones compartidas por algunos padres y familiares en talleres.

[20] Estas preguntas son habituales en padres de talla promedio. Hasta el momento no he tenido acceso a casos clínicos de sujetos con acondroplasia, quedando abierta una nueva vía de investigación.