Autores: Álvarez, Blanca Estela; Boveda, Fernando; Xantakis, Inés; Zampella, Liliana

INTRODUCCIÓN

El tema es fruto de los intercambios generados desde la práctica docente con estudiantes de la carrera de Psicología-UBA. Las experiencias pedagógicas recogen inquietudes sobre el cómo ser del futuro profesional.

La identidad universitaria se presenta como un dilema entre la singularidad de uno mismo y la similitud con sus congéneres; entre la especificidad de la propia persona y la semejanza con los otros; entre las peculiaridades de nuestra forma de ser o sentir y la homogeneidad del comportamiento; entre lo único y lo múltiple.

Las representaciones sociales, objeto social elaborado por una comunidad (Wagner;Elejabarrieta, 1994) intervienen en la producción y al mismo tiempo en la generación de respuestas a estos dilemas. Su naturalización no impide que sea un producto histórico, social y político particular.

La identidad estudiantil es un proceso que genera preocupación en las instituciones educativas, porque el producto alcanzado transitoriamente repercute tanto en la imagen institucional, el prestigio y la calidad educativa, como en el rol profesional. Dilema, proceso, movimiento, instancias individuales, colectivas e institucionales, generan subjetividad, una subjetividad plural y polifónica.

El objetivo del escrito es indagar sobre la participación de la facultad de Psicología en la construcción de la identidad del sujeto universitario desde sus espacios físicos y propuesta académica, para repensar la identidad universitaria desde el concepto subjetividad, una bordaje superador de la dicotomía sujeto-objeto, que da cuenta de los distintos modos de sujeción al poder-saber y de la existencia de un resto que se resiste a someterse a los distintos aparatos de dominio instituidos.

 

A IDENTIDAD ESTUDIANTIL UNIVERSITARIA

Identidad. Dilema y proceso

La formación de la identidad individual es un proceso complejo de construcción de la personalidad desde los primeros años de vida, que transcurre en un contexto sociocultural específico, gracias a la mediación de los adultos y la influencia de normas y patrones sociales definidos. Por tanto, la propia formación de la identidad social es el marco desde donde se configuran las identidades individuales.

Dubar (1991) afirma que la identidad es el resultado “estable y provisorio, individual y colectivo, subjetivo y objetivo, biográfico y estructural de los diversos procesos de socialización que, conjuntamente, construyen los individuos y definen las instituciones”(41).

La identidad se construye desde una dialéctica entre lo subjetivo y lo social, las pertenencias y exclusiones, las afinidades y diferenciaciones, las cercanías y distanciamientos; está vinculada a la concepción de sociedad y a la percepción que se tiene de la propia posición dentro de ésta. También, las expectativas, los valores y las normas forman parte del mismo proceso unitario de conformación de la identidad. En palabras de Sabsay (2005), la identidady subjetividad son productos de construcciones discursivas que al mismo tiempo provocan cristalizaciones en el flujo de sentidos sociales, fijando relaciones vinculares disimétricas que posteriormente se asumirán como algo que deviene de un orden natural que se le impone al ser humano. Al definir los conceptos identidades / subjetividades, es importante ubicarse desde una posición antiescencialista que se enfoque en lo plural y lo diverso. Tanto la categoría de identidad como la de subjetividad no son conceptos a-priori a los cuales el individuo deba acceder. Estas categorías pueden pensarse como efectos del orden del acontecimiento, en el cual tendrá incidencia la contingencia política, cultural, económica e histórica del momento. Esto quiere decir, que los diferentes sentidos identitarios que se producen y circulan entre los discursos están, por definición, fijados y abiertos (Sabsay, 2005). Fijados, porque son construcciones que, para que puedan objetivar y hacer visible una determinada realidad, necesitan delimitar un marco formador, regulador, y contenedor de conducta. Abiertos, porque no se debe perder de vista el carácter constructivo, y como tal, contingente del término. “La identidad subjetiva se daría entonces como un momento constituyente que debido a su dimensión temporal, estaría signada por la incompletad, esto es, sujeta a una permanente re-construcción” (Sabsay, 2005: 162).

Desde esta perspectiva la identidad universitaria puede definirse operacionalmente como una identificación a una colectividad de pertenencia institucionalizada, según las representaciones que los individuos se hacen de la realidad social y el modo de configuración de factores tales como: la experiencia escolar pasada, las relaciones humanas; la percepción de la universidad como unidad, la territorialidad, las afinidades; la educación, el vínculo, las reglas y la dificultad del ingreso a la institución.

 

SUBJETIVIDAD Y REPRESENTACIÓN: TENSIONES DIALÓGICAS

Pensar en la identidad implica hacer referencia a la subjetividad, porque ambos conceptos se entrelazan en la construcción del sujeto psicosocial. La subjetividad, puede ser entendida como el resultado de un conjunto de condiciones materiales que determinan al sujeto y que varían con el devenir histórico social.  En dicho conjunto participan las “máquinas tecnológicas de información y comunicación” (Guattari, 1991: 102) que influyen sobre sus memorias, inteligencia, fantasmas inconscientes, actos y sensibilidad, y los mismos viabilizan el surgimiento de las instancias individuales y colectivas como un “territorio existencial autorreferencial” (Guattari, 1991: 104). En los contextos sociales y semiológicos, sostiene el autor, la subjetividad se individua y permite que la persona sea tenida como responsable por sí misma, posicionándose en las relaciones de alteridad que se rigen por “usos familiares, costumbres locales, leyes jurídicas” (Guattari, 1991: 104) a la vez que se hace colectiva, múltiple.

Los distintos actos individuales y colectivos, como el trabajo, el consumo, la formación académica, entre otros, forman parte de los productos materiales que dan vida a la sociedad. Estos actos son reales y conforman una red simbólica de significados que “se edifica sobrelas ruinas de los edificios simbólicos precedentes” y que le otorgan valor (Castoriadis, 1993:209).

Los estudiantes de la Facultad de Psicología-UBA, se acercan a la carrera movidos por distintas inquietudes individuales y colectivas resultantes de sus propias condiciones materiales existentes: la búsqueda de una profesión que los inserte laboralmente, de la puesta en acto de los deseos de sus otros significativos, de un deseo individual de saber sobre una ciencia, de un impulso que no ha encontrado su cause. Al mismo tiempo se encuentran conuna historia de carrera que desde 1955 (Butelman, 1991) va dejando su impronta en quienes circulan por sus aulas y programa. La trama discursiva universitaria desplegada en los planes de estudios ofrecidos y en los discursos de los distintos centros de estudiantes los aloja en su polifonía, permitiendo que la estructura de la personalidad del estudiante se interpenetre a la estructura social de este espacio cristalizado en sus sedes. El sentimiento de identidad personal es asediado por las diferentes direcciones que el lenguaje construye y las fragmentaciones espaciales que obstaculizan una aprehensión institucional conjunta.

La sociedad constituye su simbolismo que se agarra de lo natural, de lo histórico, lo racional real y hace emerger los encadenamientos significantes, relaciones entre significantes y significados con sus intersticios. El individuo hace uso inmediato de lo simbólico y puede dejarse dominar por él, porque como ser humano no puede salirse del lenguaje, sin embargo también puede hacer un uso lúcido y reflexivo de lo simbólico porque su movilidad en el lenguaje es ilimitado (Castoriadis, 1993). Lo simbólico estructura formas de conocimientos elaborados socialmente y compartidos con el objetivo de construir realidades comunes para el conjunto social.

Las representaciones sociales funcionan como un sistema de interpretación de la realidad, que rige las relaciones del sujeto con su entorno físico y social, determinando sus prácticas, “son vehiculizadas por el lenguaje y de esta manera se produce y reproduce lo social” (Robertazzi, 2007).

En el intercambio áulico se escuchan relatos de los estudiantes que contienen creencias respecto del quehacer psicólogo y psicóloga ligados en su mayoría al ámbito clínico. El futuro profesional es un clínico y con esta representación social intentan incluirse dentro del paradigma científico médico que se resiste en incluirlos (i). Esta representación social, entendida como “la elaboración de un objeto social por una comunidad” (Wagner & Elejabarrieta, 1994: 817) puede ser reconstruida desde la propuesta académica del plan de estudios vigente y desde las escasas especializaciones ofrecidas en el marco de los exámenes de Residencia Hospitalaria del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y otros ámbitos como Educación, Trabajo, Psicología Social Comunitaria, entre otros. Esta precariedad de posibilidades se sostiene desde un discurso que disputa su hegemonía y un Universo Simbólico que legitima su saber, tanto de las instituciones educativas universitarias como los otros niveles educativos vigentes.

Si como plantea Abric (2001) las representaciones también tienen función de orientación y justificación de las prácticas, nos preguntamos: ¿Qué puede extraerse sobre el papel de estas representaciones y cómo operan signando las trayectorias educativas de estos estudiantes?

A través del lenguaje los estudiantes hacen circular estos significados que provienen de sus experiencias pasadas y de las instituciones de las cuales son y han sido parte en algún momento de sus vidas. “El lenguaje objetiva las experiencias compartidas y las hace accesibles (…) aporta los medios de objetivizar nuevas experiencias, permitiendo que se incorporen al acopio de conocimiento ya existente y es el medio más importante para transmitir las sedimentaciones objetivadas y objetivizadas” (Berger y Luckmann, 1969: 91).

 

IDENTIDAD SOCIAL, SUBJETIVIDAD Y EFECTOS INSTITUCIONALES

Conclusiones primarias

Los conceptos identidad y subjetividad, imprimen valores y atributos que no pueden ser tratados como valores en sí mismos, sino más bien, como propiedades inmanentes a las condiciones y dinámicas sociales de una época que las genera. El modo de producción de subjetividad polifónica se corresponde con una multiplicidad de modos de “marcar el tiempo” donde el ritornello desempeña un papel preponderante. Y es allí donde es posible ofrecer un tiempo y un espacio que facilite la implementación de “estrategias deconstructivas” que hagan visibles la dimensión política de estas categorías, y las relaciones de poder que de ella emana.

Las instituciones son funcionales a la sociedad y se crean para que determinada función se cumpla. Ellas dominan el simbolismo del vínculo donde uno representa al otro, y presupone su capacidad imaginaria de “ver en una cosa lo que no es, de verla otra de lo que es” (Guattari, 1993: 221). La Facultad de Psicología como institución exhibe un imaginario efectivo bajo el modo de la representación social que opera en los estudiantes. Esta representación tiene la capacidad de evocar una imagen y un vínculo que se torna rígido “bajo el modo de la identificación, de la participación o de la causación entre el significante y el significado, el símbolo y la cosa” (Ibid).

Es posible asumir la tarea que propone Sabsay (2005) de trabajar nociones como “identidades estratégicas” o “políticas de la identidad”, conceptos que ponen de relieve la imposibilidad de clausurar determinados flujos de sentidos sociales, atendiendo las consecuencias que puede generar la negación de dicha imposibilidad. Las dificultades de inserción laboral con que se topan los egresados de la Facultad de Psicología de la UBA, podrían vincularse con efectos de clausura en los sentidos sociales del ser profesional. Las lógicas colectivas (Fernandez, 2008) suponen el trabajo de las dimensiones subjetivas puestas en juego sirviéndose del concepto de multiplicidad que permite la existencia de lo diverso, las diferencias, los colectivos. Los modos de subjetivación dan cuenta de modos de sujeción, pero también establecen la existencia de un resto o exceso que puede encaminarse. El desafío actual se perfila hacia una revisión de las representaciones predominantes del ser profesional ofrecidas como clausuras por la institución, desde un espacio áulico que propicie el ejercicio del pensamiento crítico estudiantil sobre la identidad universitaria vigente y un trabajo deconstructivo que retome el camino del deseo, en tanto resto o exceso que se resiste al disciplinamiento y dominación, para la puesta en práctica de la capacidad de invención de este colectivo en acción.

i La Ley de Salud Mental 448 de la Ciudad autónoma de Buenos Aires, sancionada en el año 2000, reglamentada e implementada parcialmente, es un claro ejemplo de dicha dificultad para los psicólogos.

BIBLIOGRAFÍA

Abric, J. C. (2001). Prácticas sociales y representaciones. México, Coyoacán.

Castoriadis, Cornelius (1989) La institución imaginaria de la sociedad 1. Buenos Aires, Tusquets.

Dubar, C.(1991). La socialisation: construcción de identités sociales et profesionelles. París, Armand Colin.

Fernández, Ana María (2008) Las lógicas colectivas. Imaginarios, cuerpos ymultiplicidades. Buenos Aires, Biblos.

Guattari, Felix (1990) “Lenguaje, conciencia y sociedad”, en Acevedo, M.J. Y Volnovich, J.C. El espacio institucional. Buenos Aires, Lugar Editorial.

Jodelet, C. (1984). “La representación social: fenómenos, concepto y teoría”, en Psicología Social II. Pensamiento y vida social. Psicología social y problemas sociales, Barcelona, Paidós.

Matrajt, Miguel (1991) “La escena simétrica invertida. Apuntes para una aproximación institucionalista al registro subjetivo de los medios masivos de difusión, en Acevedo, M.J. YVolnovich, J.C. (1991) El espacio institucional. Buenos Aires, Lugar Editorial.

Robertazzi, M. (2005). Representaciones sociales e imaginario social. Ficha de cátedra.

Sabsay, Leticia (2005) “Representaciones culturales de la diferencia sexual: figuraciones contemporáneas”, en Arfuch, Leonor, Identidades, sujetos y subjetividades. Buenos Aires,Prometeo Libros.

Wagner, W.; Elejabarrieta, F. (1994) “Representaciones sociales”, en Morales, J.F. (comp.) Psicología Social. Madrid.