Autores1:

Álvarez, Blanca; Bazán, Claudia Iris; Boveda, Fernando; Lado, Gisela C.;

1 Integrantes del proyecto “Narrativas del desamparo: conformismo, mesianismo, opciones críticas” (Programación Científica UBACyT 2008-2010, Código y Nº P058)

OBJETIVOS

El acercamiento a diferentes experiencias vinculadas a los problemas habitacionales de los sectores más pauperizados, ya sea desde el ámbito estatal o provincial, como del trabajo cooperativo o de ONGs afectadas a esta temática, nos llevó a reflexionar desde una perspectiva teórica acerca de la construcción de identidad implicada en estos procesos, y los diversos modos de participación, tanto del grupo o la comunidad, como así también del psicólogo/a social. En el presente artículo se realiza una exploración teórica, desde la psicología social latinoamericana –aunque no exclusivamente- a fin de dar cuenta de la relevancia que la participación tiene para los actores sociales de los sectores más desprotegidos en los procesos de inclusión social. En palabras de Freire (2009), uno de los más destacados pedagogos del siglo XX: “Sólo cuando los oprimidos descubren nítidamente al opresor y se comprometen en la lucha organizada por su liberación, empiezan a creer en sí mimos, superando así su complicidad con el régimen opresor” (pp. 62). Reflexión y acción son los pilares de una posición comprometida y subjetivizante desde la mirada del autor brasilero y desde nuestra propia mirada.

Eje y área teórico práctica: Salud Colectiva: organización y participación popular. Psicología social latinoamericana.

 

LA PSICOLOGÍA SOCIAL LATINOAMERICANA

La psicología social latinoamericana se interesó por analizar las distintas configuraciones que el poder adquirió en América Latina, con el objeto de contribuir a la transformación de las sociedades, grupos e individuos, así como sus relaciones. Todas sus expresiones coinciden en presentar al ser humano como un sujeto activo, que construye la realidad en que vive y en la cual sería deseable que viviera (Robertazzi, 2007).

En toda relación humana el poder está siempre presente desde múltiples formas y expresiones: “nunca se está fuera” (Foucault, 1992, en Montero, 2006, pp. 32). La psicología social comunitaria en América Latina se inserta en comunidades marginales, desposeídas de los beneficios sociales y del poder, donde se genera una posición asimétrica de relación, reforzándose uno de los procesos propios de las estructuras sociales: la naturalización o no sujeción de estas estructuras a exámenes críticos.

Uno de los principios básicos de la psicología social comunitaria es promover el control y el poder del lado de la comunidad, de modo que ésta los despliegue para el logro de las transformaciones deseadas (Montero, 2006). El poder implica un diferencial de recursos. Quienes tienen más recursos (económicos, afectivos e intelectuales, entre otros), tienen más poder. Sin embargo, enfatiza Montero, todos los individuos tienen algún recurso; por eso “El objetivo de la psicología social comunitaria es catalizar la organización y las acciones necesarias para que la comunidad use sus recursos, reconozca y emplee el poder que tiene, o bien busque otros recursos y desarrolle nuevas capacidades, generando así el proceso desde sí misma” (2006, pp: 35).

Un agente que carece del acceso a ciertos recursos, debería antes que nada, construir la situación de desigualdad a través del proceso de concientización (Freire, 2009), para luego identificar dichos recursos. Esta acción generará un cambio social porque la relación de poder es tanto un asunto del que domina el recurso, como del que siente la desigualdad. “Hasta el momento en que los oprimidos no toman consciencia de las razones de su estado de opresión, aceptan ‘fatalistamente’ su opresión” (Freire, 2009, pp 62). Sólo a partir de la toma de consciencia de la asimetría, pueden asumir una posición activa, de lucha por la conquista de su libertad y de su afirmación en el mundo.

Para que se manifieste un cambio social es ineludible que no sólo se produzca una alteración en las relaciones de poder sino que dichas transformaciones se enmarquen en un contexto de democracia participativa; las acciones psicosociales comunitarias de reflexión, planificación y decisión, poseen un carácter democrático y político. La democracia representativa se constituye como una de las vías para la atención de las necesidades de la población a quien brinda un espacio para ser escuchada por las instancias de poder. El camino de la representatividad en democracia facilita el reclamo de la población, sin embargo no es suficiente para quienes no están representados. El advenimiento de una democracia participativa como complementaria a la primera, cooperará en la visibilidad de una comunidad cuya imagen y voz estaban invisibilizadas y silenciadas.

Lograr que en materia de lucha por el reconocimiento, las acciones de la comunidad alcancen la mayor visibilidad posible, contribuye a instalar un conflicto coherente y organizado, que es motor del cambio y transformación social. A mayor visibilidad, mayor expresión y fuerza de propagación para la negociación y consolidación de ese desarrollo local (Hernández 1996), instalándose la comunidad como una minoría activa, artífice tanto de su propia transformación, como del contexto en que está inmersa (Montero, 2006).

EL ROL DEL PSICÓLOGO SOCIAL

Desde la mirada del psicólogo/a social implicado/a en el trabajo comunitario: ¿cómo saber cuando se está frente a una problemática social, y al mismo tiempo no caer en la falsa creencia, por cierto reduccionista, de que si para nosotros determinada realidad representa un problema también lo debe ser para el otro? La democracia participativa cuestiona el rol asimétrico profesional, definiéndolo en cambio como un catalizador, un facilitador del cambio social. El profesional no debe trabajar para el oprimido, sino con él, implicándose en una lucha conjunta que lleve al mutuo crecimiento. La autoconciencia que la comunidad tenga de sus capacidades y necesidades, le permitirá por la vía de la autogestión, optimizar sus recursos y desechar propuestas inútiles (Freire, 2009).

Quienes trabajan en la comunidad están inmersos, entre otras categorías, en las representaciones sociales, que son imágenes que condensan conjuntos de significados, sistemas de referencia que permiten interpretar lo que sucede y dar sentido a lo inesperado (Jodelet, 1988). Las representaciones posibilitan visualizar situaciones, fenómenos e interacciones humanas. Por ser modelos imaginarios de evaluación, categorización y explicación de la relación entre agentes sociales, y dado que implican normativas y acciones de los mismos, permiten una lectura particular de un colectivo, de una realidad compartida. Los psicólogos/as deben estar advertidos/as de sus propias representaciones sociales para no sesgar de manera inconsciente lo que observan.

Se vuelve indispensable conocer, en primer lugar, los factores culturales, sociales y simbólicos, implicados en los procesos de subjetivación y organización de una comunidad, es decir, cómo han construido su relación con el medio, y los procesos de conciencia en que han participado (Álvaro, 1999). El emergente a tratar como problemática social debe ser consecuente con dicha realidad, de no ser así, se corre el riesgo de caer en una parcialización errónea del conocimiento psicosocial: abordar al otro, mirarlo, analizarlo, sólo desde la perspectiva de uno (Montero, 1996).

Los verdaderos procesos de transformación social son aquellos que nacen desde la comunidad local, y se caracterizan por expandir la capacidad productiva y creadora de los actores sociales implicados. Estos deben asumir la plena conciencia del poder que ejercen sus pensamientos y acciones en la organización de la realidad que experimentan.

Reconocer la dimensión política y de poder que los atraviesa, pero que fundamentalmente y al mismo tiempo ejercitan; los puede llevar a querer modificar el decurso de sus propias prácticas, a desarrollar nuevas estrategias, a veces conflictivas, para el manejo de recursos y formas de gestión, que impulsen planes y proyectos autogestivos que beneficien a los pobladores de dicha comunidad (Hernández, 1996). Por eso, es importante impulsar el desarrollo local como espacio de participación y transformación social (Freire, 2009; Hernández,1996; Martín-Baró, 1989; Montero, 2006). Esto implica, por otra parte, asumir la descentralización de los planes nacionales como esenciales y único medio para la resolución de problemas (Castells, 1979).

Según Gergen (en Morales González, 2006) la vida es un acontecimiento narrativo, por eso las subjetividades pueden ser leídas. El trabajo que realiza el/la psicólogo/a social se centra en leer la diversidad de los distintos puntos de vista que existen dentro de una cultura que vincula los valores, las representaciones sociales de ese entorno social, la socialización y el poder legitimado de las instituciones (Doise y Clemence, 1996). Además, en su práctica la/el psicóloga/o social, puede asumir y acompañar el reto del desarrollo local. Trabajar “con” y “desde” la comunidad en el reconocimiento de necesidades que impulsen movimientos y proyectos de carácter reivindicativo, y generar respuestas que aporten soluciones en base a los intereses de la propia comunidad, favoreciendo así los procesos de subjetivación y desarrollo local-social (Freire, 2009; Hernández, 1996).

Martín Baró (1987) escribió con relación al tema de la cultura de la pobreza: “La cultura de la pobreza es algo más que la pobreza; es un estilo de vida que florece en un determinado contexto social (…). Representa un esfuerzo para manejar los sentimientos de impotencia y desesperación que se desarrollan ante la comprobación de que es improbable tener éxito siguiendo los valores y fines de la sociedad más amplia” (p.147).

La psicología social no controla la realidad, pero ayuda a la comprensión de la calidad de vida en sus aspectos de mediación subjetiva. La cultura de la pobreza implica un modo de “ser de las cosas en el mundo” (Montero, 2006, pp. 34) que produce no sólo una cotidianidad dañina para los grupos sociales sino que afecta directamente al autoconcepto del sujeto, despojándolo de rasgos y capacidades que lo beneficien individual y colectivamente (Freire, 2009; Martín-Baró, 1989, Montero, 2006). Por eso la función del psicólogo/a es contribuir a desnaturalizar ese modo de ser.

CONCLUSIONES

Freire (2009), con la autoridad de quien ha luchado por los oprimidos y ha sufrido la prisión y el exilio por esta razón, es muy crítico con aquellos que trabajan para revertir las situaciones de dominación imponiendo sus propias determinaciones; con la falsa idea de que hay sabios absolutos e ignorantes absolutos. Esta actitud convierte a los oprimidos en objetos, en ‘cosas’ que se pueden manipular. Al hacerse cargo ‘los benefactores’ de la lucha por la liberación de los oprimidos, al no ‘darles la palabra’ como diría Foucault (1992) llevan consigo sus prejuicios, sus deformaciones y, entre ellas, la desconfianza en el pueblo. Desconfianza en que el pueblo sea capaz de pensar correctamente, de querer, de saber” (Freire, 2009). La concientización y consecuente libración de los oprimidos nunca puede ser producto del adoctrinamiento o manipulación por parte de otros, sino que el sujeto debe hallar por sí mismo su camino.

Los líderes no pueden ser los únicos capaces de actuar y reflexionar, mientras reducen a la comunidad a simple ejecutora de sus determinaciones. El verdadero compromiso con los actores sociales involucrados, implica reconocerles un papel fundamental en el proceso de transformación, sin por ello perder la responsabilidad coordinadora. Lo contrario es reducirlos a la manipulación. Los líderes, al imponer su palabra -su propia narrativa- la tornan falsa, en la medida que se erigen como únicos dueños del saber. Instalan una contradicción entre lo que quieren hacer –generar dignas condiciones de vida – y lo que verdaderamente hacen. La acción de los líderes sólo será liberadora si da espacio a los beneficiarios de su acción para que reflexionen y tomen las riendas de su propia liberación (Freire, 2009). Como sostienen Santillán y col. (1998) “La medida del éxito para los psicólogos será el volverse innecesarios para la comunidad porque ésta se ha vuelto capaz de resolver sus problemas, atender sus necesidades y producir los cambios necesarios” (en Ferullo, 2000, pp. 177).

BIBLIOGRAFÍA
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– Doise y Clemence, (1996) La problemátique des droits humains et la psychologie sociale. Connexions, Nº 67. En Campos, R. H. F Psicologia social y derechos humanos

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-Montero, Maritza (2006). Teoría y práctica de la Psicología Comunitaria. La tensión entre comunidad y sociedad. Buenos Aires, Paidós.

-Montero, Maritza:”Ética y política en Psicología. Dimensiones no reconocidas”. Recuperado el 20 de enero de 2003, de www.antalaya.uab.es, 1996.

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– Robertazzi, M. (2007). Psicología social latinoamericana: una respuesta neoparadigmática (ficha de la Cátedra Psicología Social II, Facultad
de Psicología, UBA).

 

 

Autora: Blanca Estela Álvarez

Mail: blanalvarez@yahoo.com.ar

Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires.

Resumen

Este escrito es parte del proyecto de investigación UBACyT P058 (2008-2010) “Narrativas del desamparo: conformismo, mesianismo, opciones críticas”, dirigido y co-dirigido por las Dras. Margarita Robertazzi y Liliana Ferrari, y se corresponde con el segmento “Dispositivos institucionales y producción social de la discapacidad mental” a cargo del Mag. Ernesto Lentini. Es un primer acercamiento al campo que explora la modalidad de vínculos establecidos por el personal de la psicología, en los distintos espacios institucionales destinados a la atención de sujetos con discapacidad. Dicha modalidad responde a un conjunto heterogéneo de entramados psíquicos, culturales, históricos, económicos y político, que Malfé (1994) llamó “mentalidades históricas”. La modalidad vincular adquiere rasgos de una mentalidad esclavista, donde el trabajo es un sacrificio que se debe soportar para mayor gloria de otro (Malfe, 1994:193).

El material recolectado es producto de las entrevistas semiestructuradas realizadas al personal del área de psicología de dos instituciones de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires: un Centro Educativo Terapéutico- CET- y un Centro de Día –C.D. Cada uno de estas prestaciones se estructuran como grupo y se asientan en un territorio, un espacio habitable con un adentro y un afuera. El acercamiento es desde una perspectiva psicosocial histórica y psicoanalítica.

Palabras clave: vínculos – dinámica – discapacidad – grupo

Abstract

The Dynamics Institutional in The Field of The Disability: A First Rapprochement to the Subject

This paper is part of the research project UBACYT P 058 (2008-2010): “Narratives of Helplessness: Conformism, Messianism, Critical Options”, directed by Dra. Margarita Robertazzi and Liliana Ferrari, and corresponds to the segment “Institutional Devices and Social Production of Mental Disability” directed by Mag. Ernesto Lentini. It is a first approach to the field, explores the manners of ties established by the psychology staff at the various institutional spaces to the attention of individuals with disabilities.

This tie serves a diverse set of the psychic, cultural, historical, economic and political framework, which Malfé (1994) called “historical mentalities.” The manners of ties acquires features of a slave mentality, where the work is a sacrifice that must be supported for the greater glory of another. (Malfé, 1994:193)

The collected material is the product of semi-structured interviews conducted in this area of psychology staff from two institutions in the Ciudad Autónoma de Buenos Aires: a Therapeutic Educative Center and a Day Center. Each of these benefits are structured as a group and settle in a territory, a living space with an inside and an outside. The approach is from a psychosocial perspective and psychoanalytic history.

Key Words: ties – dynamic – disability – group

 

INTRODUCCIÓN

La dinámica institucionali se revela toda vez que un grupo de individuos es convocado en un espacio para el ejercicio de una tarea conjunta; en su interior se tejen vínculos libidinales que facilitan u obstaculizan el cumplimiento de los propósitos y objetivos celebrados a modo de pacto. Las instituciones de la discapacidad mental surgen como respuesta a una necesidad poblacional compleja dentro de una sociedad con visión económico-funcionalistaii de la cultura. Cada costumbre, cada objeto material de la cultura, cada idea y cada creencia cumple una función vital, tiene una tarea que realizar en el seno de un todo que funciona (Castoriadis, 1993).

La complejidad de la discapacidad se extiende a su conceptualización, que varía según los distintos sistemas de clasificación vigente. La Clasificación Internacional de las Deficiencias, Discapacidades y Minusvalías (CIDDM), elaborada en 1976 y publicada en 1980 por la Organización Mundial de la Salud (OMS), define a la discapacidad mediatizada por el modelo médico hegemónico: una restricción o ausencia (debida a una deficiencia) de la capacidad para realizar una actividad en la forma o dentro del margen considerado normal para el ser humano. Alude a los aspectos negativos del funcionamiento humano, limitaciones y restricciones a partir de un estado o condición de salud de una persona en interacción con el contexto (Pantano, 2008). Por otra parte la Asamblea Mundial de la Salud aprobó la Clasificación Internacional del Funcionamiento, la Discapacidad y la Salud (CIF), el 22 de mayo de 2001, que articula el concepto en base a los principios de integración psicosocial y las concepciones del desarrollo interaccionista entre el individuo y su entorno. La discapacidad se resignifica situándose en el nuevo paradigma de la dialéctica identidad – entorno (Trujillo, 2005).

La definición de la CIDDM justifica una participación institucional unidireccional y, reducida al asistencialismo o rehabilitación. Mientras que la conceptualización de la CIF alcanza a sujetos de derechos y justifica una participación institucional multidireccional, contemplando el conjunto de condiciones sociales y personales correspondientes a la esfera de la vida social (Giuliodori, en Pantano, 2008).

Este escrito es un primer acercamiento al campo, tratará de explorar en los materiales recolectados, la modalidad de vínculos que establece el personal de psicología en los distintos espacios institucionales destinados a la atención de sujetos con discapacidad

Algunas cuestiones de importancia

1) Es necesario profundizar sobre los efectos institucionales en los vínculos de los trabajadores instituidos con la institución, porque las particularidades de su estructuración favorecen o entorpecen el cumplimiento de la tarea, y genera consecuencias para los sujetos bajo su cuidado. Su organización, recursos, prácticas sociales, relaciones interpersonales, manejo de la autoridad, afectan directamente la situación existencial de la persona afectada, dado que en estos escenarios institucionales comparten tiempo, espacio –en ocasiones como ampliación del hogar- y actividades con otros (Dell’Anno, en Pantano, 2008).

2) Se advierte la importancia de relevar los documentos fundacionales de las distintas instituciones y los perfiles de puestos de trabajo confeccionados por las autoridades o encargados del área de recursos humanos, para contrastar las diferentes miradas y rastrear representaciones sociales predominantes. La extensión y el propósito de este trabajo reservan esta temática para futuros desarrollo.


EL CONTRATO NARCISISTA: COMPROMISO MUTUO

Las manifestaciones de la cultura, según Freud, se reconocen en el sacrifico de la inclinación a la agresividad y a la sexualidad del ser vivo para dar lugar a la conformación de distintas organizaciones humanas, “círculos culturales más pequeños” (Freud 1930[1929]:111), escape de las pulsiones que ligan en amor a un grupo mayor y dejan a otros para la agresión; porque en la vida anímica, el otro se cuenta como objeto, modelo, auxiliar y enemigo.

En la celebración de un convenio colectivo el individuo experimenta el influjo de un número de personas que han adquirido importancia para él (Freud, 1921), y acuerdan bajo un contrato narcisista un estado de compromiso mutuo, ilusión grupal donde cada uno tiene un lugar asignado y esperado por el resto de los participantes (Kaës, 1998).

En estos espacios convergen distintas necesidades según las partes intervinientes. Por un lado, la necesidad de la institución de contratar personal para la prestación de sus servicios; por el otro, la necesidad de los individuos de insertarse laboralmente en instituciones de la discapacidad mental; y por último, la necesidad de las familias de los afectados de encontrar un espacio de confianza para la atención de sus hijas y/o hijos con discapacidad. Es una puesta en juego de intereses y renuncias narcisistas con el fin de inscribir la estructura que determina su funcionamiento (Kaës, 1998).

Modalidades de vínculos

Las organizaciones exploradas integran un “sistema de prestaciones básicas de atención integral a favor de las personas con discapacidad…” (Ley 24901, Art. 1º). Cada uno de los servicios se estructura como grupo y se asienta en un territorio, espacioiii habitable con un adentro y un afuera (Kaës, 1976:178). El CET y C.D.iv son dos tipos de organización donde los entrevistados desarrollan tareas de “prevención, asistencia, promoción y protección…” (Ley 24901, Art. 1º). La estructura del vínculo se constituye por la disposición específica de sus elementos o sujetos participantes, organizada por leyes de composición y principios de transformación (Kaës, 1998).

Quienes se acercan a estas instituciones en búsqueda de un espacio laboral, lo hacen por motivos diversos: la curiosidad, “estaban buscando auxiliares de sala… iba a ver cómo era, y me tomaron… fue un jueves, al otro lunes ya estaba trabajando…” (C.D.), un interés social: “…es un área interesante…”; una opción de salida laboral: “…todos me preguntan… eso no tiene nada que ver con lo tuyo…no estudiaste para eso…,… y decís, ¿cuáles son mis opciones, que no tengo…?” (CET). Estos acercamientos se producen sin información suficiente sobre las tareas a desarrollar y los fundamentos teóricos a los que deben responder:hicimos una semana de observación y después, tu aprendizaje…” (CET); “¿qué voy a hacer yo ahì? Si yo en la facultad no vi nada…tenía que acompañar a la orientadora para cuidar el grupo…renunció al mes…pasé como orientadora de grupo” (C. D.). Este desconocimiento y falta de capacitación afectarán su tarea, puesta en cuestión por su nivel de efectividad en la interacción con los sujetos de cuidado.

Las instituciones por su parte facilitan la cobertura de los cargos de auxiliar y orientadora con personal poco capacitado; las dificultades económicas generadas por la falta de pago de las obras sociales y la ausencia de personal formado en la especialidad, son algunas de las razones que justifican esta apertura.

A estas realidades, se suman ciertos mitos predominantes sobre los psicólogos y psicólogas que provienen de estas instituciones y del imaginario de las familias de afectados: “el psicólogo…todo lo puede”…”el psicólogo se la banca…” (CET). El personal de la salud mental es convocado a cumplir su función desde un lugar de omnipotencia pero en tareas ajenas a su formación: “somos personal de limpieza, de enfermería, somos todo…” “siempre me dicen vos…cambias…pañales (das) de comer… gimnasia…” (CET). Asumen el desafío de la incoherencia entre el mito y la realidad concreta, y comienzan a trabajar sin que importe demasiado las penurias – mentalidad esclavista-. El compromiso es una “entrega a la omnipotencia benévola o atroz de otro” (Malfé, 1994:167), más allá de su propia subjetividad. Se someten, movilizados en sus procesos psíquicos y funciones (Kaës, 1998), a un activismo exacerbado con la investidura en labores secundarias, que anulan los espacios de reflexión individual y grupal, y generan efectos alienantes. Las reuniones de equipo, cuando se llevan a cabo, son encuentros infructuosos donde reina el silencio, “nadie hablaba…había que entrenarse el ojo como profesional… ”, ó la repetición de la teoría, como modo de adoctrinamiento que inspire y guíe las acciones cotidianas: “te venían con la teoría…leer tal libro…” (C.D.). Sobreviene una experiencia de displacer intenso cuando la apelación al otro no lo satisface y comienza a afectar la integridad del yo: desaparece la confianza y se instala el padecer por “nosotros mismos y a veces por los objetos que amamos” (Kaës, 1998:32): “a estos tipos no les importa nada…ni los pibes, ni la gente, ni nada… me dice que…tenga la puerta cerrada con llave… ¿cómo que los encierre?…” (C.D.)

 

EL RECAMBIO PERMANENTE: UN SÍNTOMA INSTITUCIONAL

El sufrimiento que genera esta modalidad vincular irreflexiva y alienante puede señalarse como una de las razones de la rotación permanente del personal en estas instituciones:…“…hay mucho recambio de gente. La que está hace más tiempo está hace dos años, ¿por qué?…estar tanto tiempo y que sea con chicos que están muy graves” (CET) “…era permanente esto de que se fuera alguien o viniera alguien…” (C.D.). La gravedad de los afectados, que se refleja en la experiencia y la falta de un saber que permita su abordaje, provocan desvinculaciones reiteradas, un síntoma institucional que advierte del desgaste y precarización del vínculo instituido. Por otro lado, quienes continúan con la tarea se sujetan a la modalidad esclavista hasta el límite de sus posibilidades: “…se podía planificar… el tema es que cuando querías armarlo era un desastre… si atendías a un chico los demás se brotaban, uno salía de la sala, otro se comía la témpera, otro te revoleaba las sillas… …los días que estaba sola terminaba limada…” (C.D.).

El apabullamiento y la parálisis son efectos de defensas masivas; la automatización funciona como “investidura de la sensorialidad”, que en el autismo, y puede hacerse extensivo al personal investigado, es un recurso para no pensar (Kaës, 1998): “…tenés actividades muy cognitivo conductual… de estar trabajando todo el día con el mismo material y no darme ni cuenta…diferentes pibes, el mismo material,…soy un cajero de material, …cada uno nos fuimos dando cuenta y dijimos no, qué horror… si, no, no, no…”…un poco la institución te demanda cumplir con esa rutina…” (CET).

En síntesis

El escrito explora las modalidades del vínculo trabajador-institución instituido. El compromiso mutuo ha asignado un lugar a los trabajadores en estas instituciones donde prima el sacrificio para el cuidado asistencial. Los sufrimientos que genera la mentalidad esclavista producen desgastes y precarización del vínculo hasta la caída de la ilusión grupal, que testimonian las continuas renuncias del personal. La rotación permanente de los trabajadores, cuestiona la efectividad de esta mirada particular. Es importante señalar que los dispositivos institucionales no son ingenuos en la producción de subjetividad, sino que participan en la construcción del sujeto de la discapacidad. Porque los fenómenos psicológicos están parcialmente conformados por los conocimientos que se producen a través de las prácticas de objetivación contingentes, sociales e históricas de los profesionales.

BIBLIOGRAFIA

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-Ulloa, F. (1969). “Psicología de las instituciones. Una aproximación psicoanalítica”, en Revista de Psicoanálisis, Nº XXVI, Buenos Aires.

i En este trabajo se utilizará el término institución en un sentido estrictamente organizacional. Para analizar las distintas concepciones de dichos términos ver Castoriadis, C. La institución imaginaria de la sociedad I y II Tusquets; Mezzano, A. Psicólogos institucionales trabajando. Buenos Aires, Eudeba.

ii Según Malinowski, se trata de la explicación de los hechos antropológicos por el papel que representan en el sistema integrado de la cultura. En C. Castoriadis (1993), La institución imaginaria de la sociedad I, p. 198.

iii El espacio grupal existe como un lugar de pasaje entre lo individual y lo colectivo que reproduce las posibilidades creativas del espacio transicional, espacio del fantasma, “lugar del cumplimiento del deseo y de la defensa contra la angustia, asignación de lugares y papeles a individuos”. (Kaës, El aparato grupal, p. 178).

iv Las prestaciones de los CET, de acuerdo con la ley Argentina 24901 comprenden: “acciones de atención tendientes a promover la restauración de conductas desajustadas, adquisición de adecuados niveles de autovalimiento e independencia, e incorporación de nuevos modelos de interacción, mediante el desarrollo coordinado de metodologías y técnicas de ámbito terapéutico-pedagógico y recreativo (Ar. 16); mientras que los Centros de Día atienden: “al niño, joven o adulto con discapacidad severa o profunda, con el objeto de posibilitar el más adecuado desempeño en su vida cotidiana, mediante la implementación de actividades tendientes a alcanzar el máximo desarrollo posible de sus potencialidades” (Art. 24)

Autores: Álvarez, Blanca Estela; Boveda, Fernando; Xantakis, Inés; Zampella, Liliana

INTRODUCCIÓN

El tema es fruto de los intercambios generados desde la práctica docente con estudiantes de la carrera de Psicología-UBA. Las experiencias pedagógicas recogen inquietudes sobre el cómo ser del futuro profesional.

La identidad universitaria se presenta como un dilema entre la singularidad de uno mismo y la similitud con sus congéneres; entre la especificidad de la propia persona y la semejanza con los otros; entre las peculiaridades de nuestra forma de ser o sentir y la homogeneidad del comportamiento; entre lo único y lo múltiple.

Las representaciones sociales, objeto social elaborado por una comunidad (Wagner;Elejabarrieta, 1994) intervienen en la producción y al mismo tiempo en la generación de respuestas a estos dilemas. Su naturalización no impide que sea un producto histórico, social y político particular.

La identidad estudiantil es un proceso que genera preocupación en las instituciones educativas, porque el producto alcanzado transitoriamente repercute tanto en la imagen institucional, el prestigio y la calidad educativa, como en el rol profesional. Dilema, proceso, movimiento, instancias individuales, colectivas e institucionales, generan subjetividad, una subjetividad plural y polifónica.

El objetivo del escrito es indagar sobre la participación de la facultad de Psicología en la construcción de la identidad del sujeto universitario desde sus espacios físicos y propuesta académica, para repensar la identidad universitaria desde el concepto subjetividad, una bordaje superador de la dicotomía sujeto-objeto, que da cuenta de los distintos modos de sujeción al poder-saber y de la existencia de un resto que se resiste a someterse a los distintos aparatos de dominio instituidos.

 

A IDENTIDAD ESTUDIANTIL UNIVERSITARIA

Identidad. Dilema y proceso

La formación de la identidad individual es un proceso complejo de construcción de la personalidad desde los primeros años de vida, que transcurre en un contexto sociocultural específico, gracias a la mediación de los adultos y la influencia de normas y patrones sociales definidos. Por tanto, la propia formación de la identidad social es el marco desde donde se configuran las identidades individuales.

Dubar (1991) afirma que la identidad es el resultado “estable y provisorio, individual y colectivo, subjetivo y objetivo, biográfico y estructural de los diversos procesos de socialización que, conjuntamente, construyen los individuos y definen las instituciones”(41).

La identidad se construye desde una dialéctica entre lo subjetivo y lo social, las pertenencias y exclusiones, las afinidades y diferenciaciones, las cercanías y distanciamientos; está vinculada a la concepción de sociedad y a la percepción que se tiene de la propia posición dentro de ésta. También, las expectativas, los valores y las normas forman parte del mismo proceso unitario de conformación de la identidad. En palabras de Sabsay (2005), la identidady subjetividad son productos de construcciones discursivas que al mismo tiempo provocan cristalizaciones en el flujo de sentidos sociales, fijando relaciones vinculares disimétricas que posteriormente se asumirán como algo que deviene de un orden natural que se le impone al ser humano. Al definir los conceptos identidades / subjetividades, es importante ubicarse desde una posición antiescencialista que se enfoque en lo plural y lo diverso. Tanto la categoría de identidad como la de subjetividad no son conceptos a-priori a los cuales el individuo deba acceder. Estas categorías pueden pensarse como efectos del orden del acontecimiento, en el cual tendrá incidencia la contingencia política, cultural, económica e histórica del momento. Esto quiere decir, que los diferentes sentidos identitarios que se producen y circulan entre los discursos están, por definición, fijados y abiertos (Sabsay, 2005). Fijados, porque son construcciones que, para que puedan objetivar y hacer visible una determinada realidad, necesitan delimitar un marco formador, regulador, y contenedor de conducta. Abiertos, porque no se debe perder de vista el carácter constructivo, y como tal, contingente del término. “La identidad subjetiva se daría entonces como un momento constituyente que debido a su dimensión temporal, estaría signada por la incompletad, esto es, sujeta a una permanente re-construcción” (Sabsay, 2005: 162).

Desde esta perspectiva la identidad universitaria puede definirse operacionalmente como una identificación a una colectividad de pertenencia institucionalizada, según las representaciones que los individuos se hacen de la realidad social y el modo de configuración de factores tales como: la experiencia escolar pasada, las relaciones humanas; la percepción de la universidad como unidad, la territorialidad, las afinidades; la educación, el vínculo, las reglas y la dificultad del ingreso a la institución.

 

SUBJETIVIDAD Y REPRESENTACIÓN: TENSIONES DIALÓGICAS

Pensar en la identidad implica hacer referencia a la subjetividad, porque ambos conceptos se entrelazan en la construcción del sujeto psicosocial. La subjetividad, puede ser entendida como el resultado de un conjunto de condiciones materiales que determinan al sujeto y que varían con el devenir histórico social.  En dicho conjunto participan las “máquinas tecnológicas de información y comunicación” (Guattari, 1991: 102) que influyen sobre sus memorias, inteligencia, fantasmas inconscientes, actos y sensibilidad, y los mismos viabilizan el surgimiento de las instancias individuales y colectivas como un “territorio existencial autorreferencial” (Guattari, 1991: 104). En los contextos sociales y semiológicos, sostiene el autor, la subjetividad se individua y permite que la persona sea tenida como responsable por sí misma, posicionándose en las relaciones de alteridad que se rigen por “usos familiares, costumbres locales, leyes jurídicas” (Guattari, 1991: 104) a la vez que se hace colectiva, múltiple.

Los distintos actos individuales y colectivos, como el trabajo, el consumo, la formación académica, entre otros, forman parte de los productos materiales que dan vida a la sociedad. Estos actos son reales y conforman una red simbólica de significados que “se edifica sobrelas ruinas de los edificios simbólicos precedentes” y que le otorgan valor (Castoriadis, 1993:209).

Los estudiantes de la Facultad de Psicología-UBA, se acercan a la carrera movidos por distintas inquietudes individuales y colectivas resultantes de sus propias condiciones materiales existentes: la búsqueda de una profesión que los inserte laboralmente, de la puesta en acto de los deseos de sus otros significativos, de un deseo individual de saber sobre una ciencia, de un impulso que no ha encontrado su cause. Al mismo tiempo se encuentran conuna historia de carrera que desde 1955 (Butelman, 1991) va dejando su impronta en quienes circulan por sus aulas y programa. La trama discursiva universitaria desplegada en los planes de estudios ofrecidos y en los discursos de los distintos centros de estudiantes los aloja en su polifonía, permitiendo que la estructura de la personalidad del estudiante se interpenetre a la estructura social de este espacio cristalizado en sus sedes. El sentimiento de identidad personal es asediado por las diferentes direcciones que el lenguaje construye y las fragmentaciones espaciales que obstaculizan una aprehensión institucional conjunta.

La sociedad constituye su simbolismo que se agarra de lo natural, de lo histórico, lo racional real y hace emerger los encadenamientos significantes, relaciones entre significantes y significados con sus intersticios. El individuo hace uso inmediato de lo simbólico y puede dejarse dominar por él, porque como ser humano no puede salirse del lenguaje, sin embargo también puede hacer un uso lúcido y reflexivo de lo simbólico porque su movilidad en el lenguaje es ilimitado (Castoriadis, 1993). Lo simbólico estructura formas de conocimientos elaborados socialmente y compartidos con el objetivo de construir realidades comunes para el conjunto social.

Las representaciones sociales funcionan como un sistema de interpretación de la realidad, que rige las relaciones del sujeto con su entorno físico y social, determinando sus prácticas, “son vehiculizadas por el lenguaje y de esta manera se produce y reproduce lo social” (Robertazzi, 2007).

En el intercambio áulico se escuchan relatos de los estudiantes que contienen creencias respecto del quehacer psicólogo y psicóloga ligados en su mayoría al ámbito clínico. El futuro profesional es un clínico y con esta representación social intentan incluirse dentro del paradigma científico médico que se resiste en incluirlos (i). Esta representación social, entendida como “la elaboración de un objeto social por una comunidad” (Wagner & Elejabarrieta, 1994: 817) puede ser reconstruida desde la propuesta académica del plan de estudios vigente y desde las escasas especializaciones ofrecidas en el marco de los exámenes de Residencia Hospitalaria del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y otros ámbitos como Educación, Trabajo, Psicología Social Comunitaria, entre otros. Esta precariedad de posibilidades se sostiene desde un discurso que disputa su hegemonía y un Universo Simbólico que legitima su saber, tanto de las instituciones educativas universitarias como los otros niveles educativos vigentes.

Si como plantea Abric (2001) las representaciones también tienen función de orientación y justificación de las prácticas, nos preguntamos: ¿Qué puede extraerse sobre el papel de estas representaciones y cómo operan signando las trayectorias educativas de estos estudiantes?

A través del lenguaje los estudiantes hacen circular estos significados que provienen de sus experiencias pasadas y de las instituciones de las cuales son y han sido parte en algún momento de sus vidas. “El lenguaje objetiva las experiencias compartidas y las hace accesibles (…) aporta los medios de objetivizar nuevas experiencias, permitiendo que se incorporen al acopio de conocimiento ya existente y es el medio más importante para transmitir las sedimentaciones objetivadas y objetivizadas” (Berger y Luckmann, 1969: 91).

 

IDENTIDAD SOCIAL, SUBJETIVIDAD Y EFECTOS INSTITUCIONALES

Conclusiones primarias

Los conceptos identidad y subjetividad, imprimen valores y atributos que no pueden ser tratados como valores en sí mismos, sino más bien, como propiedades inmanentes a las condiciones y dinámicas sociales de una época que las genera. El modo de producción de subjetividad polifónica se corresponde con una multiplicidad de modos de “marcar el tiempo” donde el ritornello desempeña un papel preponderante. Y es allí donde es posible ofrecer un tiempo y un espacio que facilite la implementación de “estrategias deconstructivas” que hagan visibles la dimensión política de estas categorías, y las relaciones de poder que de ella emana.

Las instituciones son funcionales a la sociedad y se crean para que determinada función se cumpla. Ellas dominan el simbolismo del vínculo donde uno representa al otro, y presupone su capacidad imaginaria de “ver en una cosa lo que no es, de verla otra de lo que es” (Guattari, 1993: 221). La Facultad de Psicología como institución exhibe un imaginario efectivo bajo el modo de la representación social que opera en los estudiantes. Esta representación tiene la capacidad de evocar una imagen y un vínculo que se torna rígido “bajo el modo de la identificación, de la participación o de la causación entre el significante y el significado, el símbolo y la cosa” (Ibid).

Es posible asumir la tarea que propone Sabsay (2005) de trabajar nociones como “identidades estratégicas” o “políticas de la identidad”, conceptos que ponen de relieve la imposibilidad de clausurar determinados flujos de sentidos sociales, atendiendo las consecuencias que puede generar la negación de dicha imposibilidad. Las dificultades de inserción laboral con que se topan los egresados de la Facultad de Psicología de la UBA, podrían vincularse con efectos de clausura en los sentidos sociales del ser profesional. Las lógicas colectivas (Fernandez, 2008) suponen el trabajo de las dimensiones subjetivas puestas en juego sirviéndose del concepto de multiplicidad que permite la existencia de lo diverso, las diferencias, los colectivos. Los modos de subjetivación dan cuenta de modos de sujeción, pero también establecen la existencia de un resto o exceso que puede encaminarse. El desafío actual se perfila hacia una revisión de las representaciones predominantes del ser profesional ofrecidas como clausuras por la institución, desde un espacio áulico que propicie el ejercicio del pensamiento crítico estudiantil sobre la identidad universitaria vigente y un trabajo deconstructivo que retome el camino del deseo, en tanto resto o exceso que se resiste al disciplinamiento y dominación, para la puesta en práctica de la capacidad de invención de este colectivo en acción.

i La Ley de Salud Mental 448 de la Ciudad autónoma de Buenos Aires, sancionada en el año 2000, reglamentada e implementada parcialmente, es un claro ejemplo de dicha dificultad para los psicólogos.

BIBLIOGRAFÍA

Abric, J. C. (2001). Prácticas sociales y representaciones. México, Coyoacán.

Castoriadis, Cornelius (1989) La institución imaginaria de la sociedad 1. Buenos Aires, Tusquets.

Dubar, C.(1991). La socialisation: construcción de identités sociales et profesionelles. París, Armand Colin.

Fernández, Ana María (2008) Las lógicas colectivas. Imaginarios, cuerpos ymultiplicidades. Buenos Aires, Biblos.

Guattari, Felix (1990) “Lenguaje, conciencia y sociedad”, en Acevedo, M.J. Y Volnovich, J.C. El espacio institucional. Buenos Aires, Lugar Editorial.

Jodelet, C. (1984). “La representación social: fenómenos, concepto y teoría”, en Psicología Social II. Pensamiento y vida social. Psicología social y problemas sociales, Barcelona, Paidós.

Matrajt, Miguel (1991) “La escena simétrica invertida. Apuntes para una aproximación institucionalista al registro subjetivo de los medios masivos de difusión, en Acevedo, M.J. YVolnovich, J.C. (1991) El espacio institucional. Buenos Aires, Lugar Editorial.

Robertazzi, M. (2005). Representaciones sociales e imaginario social. Ficha de cátedra.

Sabsay, Leticia (2005) “Representaciones culturales de la diferencia sexual: figuraciones contemporáneas”, en Arfuch, Leonor, Identidades, sujetos y subjetividades. Buenos Aires,Prometeo Libros.

Wagner, W.; Elejabarrieta, F. (1994) “Representaciones sociales”, en Morales, J.F. (comp.) Psicología Social. Madrid.